Vejez de Tiempo y Vida, Pedro Calderón de la Barca

Calderón de la Barca
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CUANDO a la mitad de la oscura anochecida, en el divido de los años, palpemos con el alma los últimos latidos del milenio que perece, cuando los aleluyas traspasen de alegría los muros de los templos de las religiones cristianas, mientras entre el hervor de las alegrías apenas se escuchen los chasquidos de la champaña derramando su dorada espuma: entonces, simultáneamente en las casas de los humildes y en las chozas de los campesinos, o en el despiadado recinto de las cárceles y en los tristes rincones de los humildes o lujosos hospitales o enfermerías, los mortales todos habremos de someternos al refrán italiano: “Poveri, ricci o bruti… sedano como tutti”, pobres, ricos o miserables… habremos de sentarnos todos igualados. Y con gran regocijo nos sentiremos aún con vida para contemplar el inmenso, el oscuro, el impenetrable techo del firmamento cuajado de estrellas cintilantes.

Y entrados en ansiedad, en alegría y también en tristeza al solo pensamiento de percibiremos cespitante el llanto del recién nacido, día primero del siglo XXI, tercer milenio según el calendario cristiano, a partir del cómputo occidental del octavo año de la llegada al mundo de Jesús en un establo de Belén. Como ensalmo intuitivo habrá de reiterarse la magia asombrosa de estar en el ayer muerto apenas y asimismo en el porvenir. Que el hoy es sólo una memoria parcial de lo pasado, es un instante imperceptible de la conciencia arrebatada hacia el mañana.

Volvamos hoy aquí a la evocación de lo pasado recordando la ancianidad fatal del bilenio, segundo milenio, siglo año, hora, minuto, segundo, instante casi imperceptible. Reflexionemos en la vejez que abatió ese tiempo y a todos nos acometerá, acaso no tan pronto, pero ciertamente, cuando transpongamos la vida terrenal y arribemos a un futuro desconocido, que esperamos sea celestial. íQué mayor reflexión oportuna: la de un pasaje de El Eclesiastés, cuarto de los Libros Sapienciales del Antiguo Testamento, herencia de dos grandes religiones, la judaica y la cristiana, que infundieron espíritu y valor a la cultura occidental en que estamos insertados! Traducido del hebreo, El Eclesiastés significa El Predicador. De autor desconocido, es situado por los especialistas como escrito hacia el siglo III antes de Cristo. El libro es anterior a la revelación judaica, redactado cuando no había todavía entre los israelitas “perspectivas sobre la vida del más allá… reflexión monologante que en género de diatriba griega señala los pros y contras de cuanto observa a su alrededor… su tesis es que debe disfrutarse de la vida, más sin olvidar la justicia de Dios, porque la vida misma es un don de Dios que lo ha de juzgar todo… sobre el más allá el autor nada puede decir porque sencillamente aún no lo sabía, esto es no tenía conocimiento de las verdades reveladas más tarde a los judíos”(v. Revisión General de las Escrituras por Serafín Ausejo, Ed. Herber, Barcelona, España, 1964).

Remarcamos entre paréntesis las palabras que en el texto griego son metáforas. Transcribimos, del título llamado por los profesores bíblicos como “Conclusión”, párrafos de los versículos 1 al 8; del 3 el artículo 21 y del título I el versículo 2: “Antes de que se te obscurezca el sol (la vejez quita su encanto a la vida)… cuando tiemblen los guardas de la casa (las manos) y se encorven los varones (las piernas). Cuando los que muelen (las dentaduras) son pocos y débiles, cuando quedan en tinieblas los que miran tras las celosías (los ojos caídos en glaucoma o ceguera tras los párpados) y se cierran las puertas de la calle (los oídos dejan de escuchar), cuando se sienten temores del camino (no se tiene fuerza, ni valor para caminar), se arrastra la langosta (se arrastra el andar). Antes de que se rompa el cordón de plata y se arrugue la venda de oro y se haga pedazos el cántaro sobre la fuente (la rota energía, en el proceso de la entropía se derrame sobre la ía nebulosa de la creación). Y antes de que el polvo se vuelva a la tierra, de donde salió, y el espíritu vuele a Dios que le dio el ser”. En el 3-21 se pregunta el escritor: “¿Quien ha visto si el alma de los hijos de Adán sube hacia arriba y si el alma de los brutos cae hacia abajo?”. Y en el 3-20: “Y todo va a parar a un mismo lugar. De la tierra fueron hechas todas esas cosas y en tierra igualmente vuelven a parar”. Y el epílogo cierra sumariamente la reflexión: “Vanidad de vanidades y todo es vanidad”.

Metáfora mayor del mismo tema fue la del escritor madrileño

Pedro Calderón de la Barca, 1600-1681, en su comedia filosófica: Que la vida es sólo sueño y los sueños sueños son. SUN/JZC/AEG.

 

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