Steven Spielberg habla sobre su película “Salvando al soldado Ryan”

Salvando al soldado Ryan
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Steven Spielberg apenas tuvo que aparecer en la sala de prensa del Hotel Excelsior para conseguir que los centenares de periodistas se pusieran de pie y le dedicaran una ovación clamorosa. Es más, el insólito recibimiento parecía resumir la conmoción que ha causado el estreno europeo de Salvando al soldado Ryan y la unanimidad de las opiniones sobre la maestría de una película que replantea el desembarco de Normandía «desde una perspectiva universal», según confesaba ayer el propio director norteamericano.

«Sí, es un filme sobre la II Guerra Mundial, pero también he escrito la durísima historia de todas las guerras. He sido brutalmente honesto, duro, crudo, agresivo, porque me parecía necesario eludir cualquier visión idealizada o convencional de las guerras: ni el propagandismo ni la acción. Los soldados no se mueren en paz con los ojos cerrados, sino que vomitan, se desangran, revientan».

El propósito antibélico de Spielberg y la voluntaria agresividad de la película plantean, como punto de contraste, un rotundo homenaje a los viejos veteranos de guerra. «Siempre me ha preocupado el salto generacional entre quienes lucharon y entre los que pensamos en los héroes de guerra como si fueran piezas de museo. Nuestra sociedad no ha recapacitado sobre la importancia que entraña sacrificar la vida propia por el interés de los demás. La violencia de esta película y la dureza de las escenas responden a situaciones veraces, y la elección de este lenguaje obedece al propósito de conmocionar. Quiero que la gente recapacite sobre lo que supone para una madre perder tres hijos en el campo de batalla».

METAFORA DEL DOLOR.-Steven Spielberg ha concebido esta misma experiencia en una de las escenas del filme, precisamente con la solución de eludir el rostro de la mujer que sufre. «Si hubiera elegido un rostro concreto, parecería un problema ajeno a nosotros. Pero el hecho de que no se vea la cara de la madre es una manera de utilizar una metáfora más universal sobre el dolor, la angustia y el padecimiento. Mi película enseña la verdadera violencia».

El comentario de Spielberg dio lugar a una pregunta inevitable: ¿Cómo puede conciliar un mismo espíritu creador La lista de Schindler, Parque Jurásico y Salvando al soldado Ryan? «El entretenimiento y los sentimientos profundos constituyen dos fenómenos perfectamente conciliables. Es más, cada una de mis películas parte sobre la base de un guión que me seduce y que me permite expresar mi lenguaje cinematográfico. Este es mi camino de selección. Obviamente, La lista de Schindler o Salvando al soldado Ryan comportan experiencias más hondas».

En contraste con la crudeza de ambas, proliferan los rumores sobre que Spielberg prepara un filme dedicado al Imperio Romano. «Es una idea que está ahí y una película que queremos producir, pero no significa que vaya a dirigirla yo. En este momento, prefiero no mencionar mis planes futuros, pero creo que necesito desahogarme con una película que trate sobre hermosas mujeres ataviadas con bellos trajes».

EL DIA D.-La carcajada de Spielberg dio lugar a un comentario posterior mucho más grave: «Después de rodar La lista de Schindler tuve que permanecer tres años en absoluto silencio porque me encontraba emocionalmente castigado. Aquella fue una experiencia personal muy dura, que me convulsionó. Decidí descansar y estar con mi familia».

«¿Cuál ha sido su Día D, señor Spielberg?», replicó inmediatamente un periodista argentino de Clarín. Nunca he experimentado ningún Día D, ni espero que me ocurra jamás. Pero si sucediera, me gustaría tener el coraje, el valor y la capacidad de sacrificio de los soldados que combatieron en la II Guerra Mundial».

El matiz viene a cuento porque Spielberg establece una clara diferencia entre el conflicto bélico que refleja en Salvando al soldado Ryan y todos los demás. «Soy decididamente contrario a las guerras, pero la II Guerra Mundial fue justa. He comprendido que en aquella situación histórica se producía el dilema de vencer o de perderlo todo. Me lo enseñó mi padre, y lo he aprendido».

Steven Spielberg, en un terreno completamente distinto, también reconocía ayer haber recibido una lección inolvidable de Federico Fellini. «Fue una persona que me impresionó mucho y que me demostró cómo un espíritu podía convertirse en libre. He aprendido mucho del cine italiano, pero reconozco una devoción especial a las figuras de Fellini y Antonioni».

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