Paisajes y paisanajes

Francesc Candel
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Hay personas que son un paisaje y un paisanaje. En el caso de Francesc Candel, el primero habría que ubicarlo en la Barcelona que desaparece engullida por la metrópoli postolímpica, espacio que actualmente es ya sólo imaginario y cuyas fronteras son Can Tunis, las Casas Baratas y el barrio del Port en la Zona Franca. El segundo, el paisanaje de este escritor polivalente que por su físico bien podría haber nacido en Noruega en vez de en Ademuz, se perfilaba en el público que asistió hace unos días en el Palau de la Virreina a la presentación de su libro “El sant de la mare Margalida”. Un horizonte humano integrado por un centenar de personas tan variopintas como los protagonistas colectivos de sus obras en cuyos rostros, lejos del aburrimiento propio de celebraciones de este tipo, se reflejaba el interés, el afecto y la sensación de saberse protagonistas del imaginario del escritor.

El libro está formado por una novela corta que da título al volumen y dos relatos en los que, su autor, narrador urbano antes de que se acuñara el término por estos pagos, ubica hechos y personas según parece exigirlo la narración. Así, reptando con habilidad de lagartija por las difusas calles de su particular “Macondo” charnego y catalán, el escritor recupera eso que se ha venido a llamar memoria colectiva con un tono en el que claridad expositiva, sencillez y humanidad emergen con la naturalidad de las volutas de humo de su barba blanca. Que Francesc Candel es un referente ético en unos momentos en que hay que buscarlos con linterna es más que evidente. Que es un estimable escritor no lo duda nadie que haya leído sus libros como recomiendo que hagan con “El sant de la mare Margalida”. Que – como dijo David Castillo en unas afectuosas y lúcidas palabras de presentación-los historiadores que quieran explicarse la historia vayan a verse obligados a acudir a la obra de autores como él es otro de sus méritos. Por eso su figura forma ya parte del paisaje habitual de Cataluña y de su paisanaje, un grupo compuesto por gente sencilla y noble en la misma medida en que a menudo puede resultar ruin y contradictoria. Gente, en todo caso, de verdad. Tan de verdad como sólo pueden serlo a veces algunas personas.

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