Nacionalismo y Patriotismo: Jordi Pujol

Jordi Pujol
Comparte

Se queja amargamente Jordi Pujol de que se esté demonizando el nacionalismo. Tras lo ocurrido en Europa en lo que va de siglo, desde la Primera Guerra Mundial a la de Yugoslavia, no hace falta demonizar el nacionalismo. Se ha demonizado él solo. Pero en un Estado de nacionalidades como el nuestro, una queja de ese calibre no se puede despachar a la ligera. Exige un análisis a fondo. El tema, sin embargo, es tan complejo, que exige dos”Postales”para tocar siquiera sus puntos básicos.

Jordi Pujol inicia su defensa del nacionalismo confundiendo, no sabemos si a sabiendas o inadvertidamente, dos conceptos muy distintos: nacionalismo y patriotismo. El nacionalismo es un concepto político. El patriotismo, un sentimiento natural. Es ese amor que se siente por la tierra donde uno ha nacido, la identificación con hombres, paisajes, costumbres, cantares, comidas, formas de hablar, trabajar, reir, llorar, incluso de andar, que tiene cada comunidad humana, distinta a todas las demás. Que se ame todo ello no sólo es legítimo, sino también de bien nacidos. Pero se puede amar todo eso sin ser nacionalista. Uno puede identificarse con la tierra que le vió nacer, con las gentes entre las que creció, y sin embargo, no sentirse nacionalista. Todos tenemos amigos que son catalanes hasta la médula, catalanes de pura cepa, catalanes hasta cuando duermen, catalanes que aman a Cataluña como el que más, y sin embargo no son nacionalistas catalanes. Pueden ser los que más molestan a los catalanes como Pujol, que intentan restar a tales compatriotas legitimidad,”catalanidad, confundiendo nacionalismo y patriotismo. Cuando, repito, son cosas muy distintas.

El nacionalismo es la politización de todos esos sentimientos naturales que acabamos de describir. Surge cuando ese sentimiento de pertenencia” a un grupo, a una tierra, a un modo de ser se instrumenta para convertirse en ideología.Y la ideología, toda ideología, es siempre excluyente. El que no está dentro del grupo, está fuera, es un enemigo, una amenaza. Hay que combatirlo. O por lo menos, meterle piedras en la mochila. El nacionalismo es un fenómeno relativamente moderno. Nació con la Revolución Francesa y se extendió con las guerras napoleónicas. Lo que en un principio fue sólo instrumentalización de un ideario nacional, se convirtió pronto en afán de dominio. Porque el nacionalismo es agresivo. No le basta, como al patriotismo, con el goce de la tierra donde ha nacido y la compañía de sus gentes.(Quiere siempre expandirse a las colindantes. Cuando éstas tienen rasgos parecidos, para cumplir la misión sagrada de completar la unidad nacional. Cuando son distintas, para someterlas, pues el nacionalismo tiene otra característica peor incluso que la agresividad: su convencimiento de superioridad, su afán de dominar a todos aquéllos que no han tenido la suerte de estar entre los elegidos.

¿Qué estoy exagerando? Recuerden los afanes expansionistas del nacionalismo vasco sobre Navarra y del nacionalismo catalán sobre Valencia y Baleares. El nacionalista pretende siempre tener una relación especial dentro de sí, distinta a la que tienen el resto de los humanos, que muchas veces se convierte en relación especial con Dios. La idea de pueblo elegido”late en el fondo de todo nacionalismo, aunque no lo reconozca. En sociedades muy evolucionadas, donde la religión no interpreta ya un papel determinante, Dios puede convertirse para el nacionalista en el pueblo, la raza, la lengua, el tipo sanguíneo o cualquier otro rasgo diferencial, que adquiere carácter casi sagrado de”identidad nacional”. Aunque el sentimiento religioso sigue latiendo en el fondo de todo ideario nacionalista, incluso sin necesidad de una religión determinada, que ha quedado substituida por la nación, objeto de verdadera idolatría.

Resulta significativo que muchos dirigentes nacionalistas hayan salido de las filas del clero o tengan excelentes relaciones con él. Mañana les contaré qué hacen con sus nuevos feligreses.

Comments are closed.