La ley del silencio que amparaba a los actores homosexuales, minada por los grupos activistas gays

Actor Gay
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El actor Keanu Reeves, de 29 años, protagonista de Speed, y David Geffen, de 51, productor de Entrevista con el vampiro, se han casado hace un mes, según la revista francesa Voici. De esmoquin – blanco Reeves, negro Geffen-, por el rito judío, en un restaurante de Los Angeles y con Elizabeth Taylor, Steven Spielberg, Cindy Crawford y Claudia Schiffer como invitados.

Sincero acto de amor, inocentada o montaje publicitario, una ceremonia como esa supone un desafío a la ley de silencio que se impone a los homosexuales en Hollywood. «Mientras te mantengas callado – resume el periodista gay Armistead Maupin-, los otros mentirán por ti. La prensa te inventará romances femeninos y todos sabrán lo que eres, menos el público».

Ese ha sido el caso de Reeves. Su falta de amistades femeninas y el descarnado papel de «chapero» en Mi Idaho privado, película del director gay Gus van Sant, levantaron sospechas. Pero él contraatacó con sonados noviazgos con Sofía Coppola y Paula Abdul. Ante la creciente curiosidad de la prensa, declaró: «No soy homosexual, pero nunca se sabe».

Sobre Geffen, uno de los hombres más ricos de Hollywood y socio de Spielberg en la productora que acaba de formar, no existen ambigüedades. Tras un terrible romance con la cantante Cher, anunció que había perdido el interés por las mujeres. «No tengo secretos – reconocía-, porque todos conocen mi caso. Nadie puede amenazarme con revelar algo que no oculto».

Las cosas están cambiando mucho en la meca del cine. La ceremonia de entrega de los Oscar 1991 fue una buena muestra. En el interior del teatro, el Oscar a la mejor canción, fue para La bella y la bestia, cuyo letrista, Howard Ashman, homosexual, había fallecido poco antes de sida. En su lugar, recogió el premio su compañero, que recordó su figura humana.

A las puertas del Dorothy Chandler Pavillion, los colectivos de gays y lesbianas se manifestaban contra el contenido homófobo de algunas de las películas nominadas, como Instinto básico y El silencio de los corderos. La protesta incluía el «outing», o sea, revelar los nombres de las estrellas que ocultan su homosexualidad.

Esta denuncia pública de celebridades que se esfuerzan por esconder sus inclinaciones sexuales la puso en marcha, a finales de 1989, el grupo radical Queer Nation (Nación Marica). Entre los afectados estaba Jodie Foster, que esa misma noche recibió su segunda estatuilla. Una pancarta decía de ella: «Ganadora del Oscar. Licenciada en Yale. Ex estrella de Disney. Tortillera».

«Cada famoso que se descubre que es homosexual – expone el periodista Rex Wochner, de la revista gay Outline-, se ahorra tres años de trabajo de los activistas gays».

El líder gay Michelangelo Signorile justificaba, además, semejante atentado a la intimidad: «Hay homosexuales en todas partes. Los jóvenes gays y lesbianas también merecen unos modelos de conducta de igual talla que los heterosexuales». Entre los denunciados estaban Debra Winger, Tom Selleck, John Travolta, Whitney Houston, Richard Chamberlain y Richard Gere.

Todos lo negaron. Tom Selleck ganó un pleito contra la revista sensacionalista The Globe y John Travolta y Richard Gere se casaron a toda prisa. Travolta, en septiembre de 1991, con la actriz Kelly Preston, a la que Charlie Sheen acababa de abandonar. Gere hizo otro tanto, en diciembre de ese año, con la modelo Cindy Crawford, otro personaje en entredicho.

La solución de la boda no es nueva. Cuando la revista Confidential amenazó en 1954 con revelar la homosexualidad de Rock Hudson, la Universal, que le tenía bajo contrato, le obligó a casarse con Phyllis Gates, secretaria del estudio. Tras la muerte del actor, Gates narró sus tres años de matrimonio en el libro My husband, Rock Hudson (Doubleday, 1987).

Tres años ha aguantado, antes de divorciarse de su mujer Richard Gere, al que persiguen los rumores desde el principio de su carrera. Cuando sólo se le veía con gays y triunfaba en el teatro con papeles de homosexual. Una vez, una periodista se atrevió a preguntárselo: «¿Es usted homosexual?». El se bajo los pantalones y respondió: «¡Sírvase usted misma!».

Erotismo y provocación han sido los ingredientes básicos de una carrera basada en el atractivo bisexual de su imagen. Baste recordar las dos películas que le devolvieron la fama. En Pretty Woman, Julia Roberts jugaba el papel activo de la seducción, mientras que en Asuntos sucios, la tensión erótica entre Andy García y él era de alto voltaje.

En lo que siempre ha habido poca ambigüedad ha sido en el tratamiento que se le ha dado a su físico en la pantalla. La forma en la que la cámara recorría su cuerpo desnudo mientras se duchaba en la escena inicial de Sin aliento, sin dejar que ningún objeto mediatizase la mirada del espectador, era la manera que se había reservado siempre al cuerpo femenino.

El que fue su máximo competidor, John Travolta, casado y con hijos, conoce de nuevo el éxito con su película Pulp Fiction, que se estrena en España el próximo viernes. Pero antes pasó por el mal trago de ver publicadas las confesiones del actor Paul Barresi, su amante en los primeros años ochenta. Travolta le daba, al parecer, 400 dólares por encuentro y le consiguió un papel en Perfect.

Barresi, que cobró de la revista que publicó su historia, aseguró en todo momento que era heterosexual, «pero – añadió-en Hollywood, algunos hombres me encuentran atractivo y yo dejo que me utilicen para impulsar mi carrera artística». Su relación con Travolta se prolongó durante dos años y, después, aún se llamaban de vez en cuando.

En Hollywood, los favores sexuales no son sólo cosa de mujeres. En su juventud, para medrar, Clark Gable tuvo relaciones con el actor William Haines, amigo del cineasta gay George Cukor. Por eso, Gable obligó a despedir a Cukor como director de Lo que el viento se llevó. No podía soportar que éste conociera su secreto.

El delantal de Cary Grant

Abierta a la prensa e inocente, en apariencia, fue la convivencia doméstica que mantuvieron durante casi una década, aunque con interrupciones, Cary Grant y el héroe de «westerns» de serie B Randolph Scott. Se conocieron en el rodaje de Sábado de juerga (1932), cuando ambos comenzaban sus carreras, y, de inmediato, se fueron a vivir juntos.

Al principio, la situación hizo gracia en su productora, que trató de explotarla con fines promocionales. De ahí la gran cantidad de fotos disponibles de ambos actores realizando labores de la casa. Hasta que alguien se dio cuenta de que la imagen de Cary y Randy en delantal, fregando platos, recordaba demasiado a la de una pareja de recién casados.

Al poco, cada uno se buscó una esposa. Pero sus matrimonios fracasaron y volvieron a juntarse. Su convivencia levantaba más sospechas, agravadas porque Grant era británico, cuando los americanos llamaban a la homosexualidad «el morbo inglés». Su relación se rompió en 1940, con la segunda boda de Grant.

Las uniones prolongadas de parejas homosexuales no son inusuales en Hollywood. Si bien al compañero sentimental de la estrella suele camuflársele con el empleo, real o ficticio, de secretario o similar. Tal y como hizo durante 30 años, hasta su muerte, Raymond Burr, protagonista de las series Perry Mason e Ironside, con su amigo Robert Benavides.

La vida privada de Burr, de acuerdo con su biografía oficial, fue un valle de lágrimas. Huyó de las calamidades de la infancia casándose tres veces. Enviudó dos, perdió a su único hijo siendo niño, y se divorció de su tercera esposa, la actriz Isabella Ward, poco después de casarse. Pero, tras su muerte de cáncer, en 1993, ésta lo ha desmentido todo.

Chamberlain y el bailarín

«Pura ficción – declaraba Ward en exclusiva al semanario sensacionalista Star-, para ganarse la simpatía del público cuando pasó de los papeles de asesino en el cine al de íntegro Perry Mason en la televisión». Ward, que asegura que fue su única esposa y no haberle dado nunca un hijo, descubrió que Burr era gay meses después de la boda.

Cuando todo parecía sonreír a la joven pareja de recién casados, se desencadenó la tragedia. «De pronto – recordaba Ward-resultó obvia la relación que unía a Burr con aquel amigo joven». Le dejó de inmediato y sólo pasados cuatro años aceptó concederle el divorcio, aunque ella no ha vuelto a casarse.

Richard Chamberlain, por el contrario, no se ha casado, aunque no vive solo. Cuando rodaba El pájaro espino unió su vida a la del bailarín Martin Rabbett, al que hizo coproductor de su siguiente serie, El hijo de la isla. El actor lleva una vida retirada, pero ha sido blanco de las acusaciones de los grupos gay, a los que llama «terroristas homosexuales».

El anuncio, en serio o en broma, eso es igual, de la boda de Keanu Reeves indica que las generaciones de homosexuales jóvenes se resisten a cumplir la vieja ley de silencio de Hollywood. Lo corroboran los casos recientes del actor gay Jason Gould, hijo de Barbra Streisand y Elliott Gould, y la cantante lesbiana Chastity Bono, hija de Cher y Sonny Bono.

Jason Gould – que fue en la ficción de El príncipe de las mareas el hijo de su verdadera madre-les dio a sus padres un susto de infarto cuando se casó, hace justo tres años, a los 24, con el modelo David Knight, entonces de 26. Chastity Bono, con 25 años, no oculta su predilección por las mujeres y ha formado el grupo musical Ceremony con su novia.

A la vista del curso de los acontecimientos, viene a la memoria la irónica frase del siempre mordaz Woody Allen: «No entiendo por qué no hay más gente bisexual, porque eso duplica tus posibilidades de ligar el sábado por la noche».

Contaron sus preferencias

Sharon Stone.-La actriz aseguró a la revista Vanity Fair, en abril de 1993, que le encanta estar con mujeres y que los hombres «pueden llegar a ser muy molestos». A veces, añadió, le gustaría que hubiera «una alternativa» a las relaciones heterosexuales y concluía: «¡Dios! Si pudiera hacerlo, lo haría!».

Madonna.-Siempre ha cultivado su imagen ambigua, llegando a tener como novia oficial a la actriz Sandra Bernhard (conocida por su trabajo en la serie Roseanne). Además, las fotos que se hizo para el libro Sex abrazándose con Isabella Rosellini le costaron a la hija de Ingrid Bergman una llamada al orden moral de la casa de cosméticos de la que es modelo exclusiva.

F.W. Murnau.-El genial director alemán afincado en Hollywood murió en un accidente de circulación, cuando su coche se estrelló en 1931, mientras le hacía una «fellatio» a su chófer filipino, que conducía en ese momento. La cabeza del cadáver apareció entre las piernas del sirviente.

Kristie Alley.-La protagonista de Mira quién habla y Mimi Rogers (La sombra del testigo), la ex-esposa de Tom Cruise, fueron más que amigas en una turbulenta época, en la que el Star llegó a publicar una extensa información con un titular que decía: «Kirstie Alley: atraigo a los hombres con la promesa de una cama a tres, con Mimi Rogers».

Lee Majors.-El actor de El hombre de los seis millones de dólares mantuvo una amistad íntima con el veterano Rock Hudson, cuando trataba de abrirse camino en el mundo del espectáculo. La estrella, que le aconsejó teñirse el pelo de rubio, cosa que hizo, impulsó su carrera.

Marlene Dietrich.-Bisexual voraz, impuso la moda en Hollywood de que las mujeres vistiesen de hombre. Tenía un amplio círculo de amigas sexuales, apodado «las costureras de Marlene». Entre ellas, las estrellas Claudette Colbert, Dolores del Río y Lili Damita, esposa de Errol Flynn.

Don Johnson.-De joven posó desnudo para la revista gay Climax e interpretó escenas homosexuales en la obra teatral Fortune and Men Eyes, junto al actor gay Sal Mineo. «Las estadísticas – se ha disculpado Johnson-demuestran que, en la adolescencia, un noventa por ciento de los hombres ha tenido relaciones homosexuales».

Greta Garbo.-Alternaba hombres y mujeres en su cama. Se preparó para su mejor interpretación, La reina Cristina de Suecia, inspirándose en sus amores homosexuales con la escritora Mercedes Acosta: «Nuestra relación – llegaría a confesar posteriormente a un amigo-me dio una nueva experiencia sexual, y una gran paz espiritual que se prolongó largo tiempo, pero, sobre todo, encontré en ella los fundamentos para encarnar a esa gran reina».

Marlon Brando.-Mantuvo un intenso romance con el escritor francés Christian Marquand, mientras rodaba El último tango en París. El novelista era novio de Dominique Sanda, que inicialmente iba a protagonizar la película, y llegó a rumorearse que la relación también la incluyó a ella. En recuerdo a los buenos tiempos pasados, Marlon Brando bautizó a su hijo, actualmente condenado por homicidio, con su nombre.

Roseanne Barr.-Su ex marido Tom Arnold, ambos compañeros de rodaje de la serie Roseanne, y la secretaria de éste escandalizaron a la opinión pública de los Estados Unidos, en diciembre de 1993, con el anuncio de una extravagante boda a tres. Pero no llegaron al final. Se echaron atrás.

Errol Flynn y Tyrone Power.-Ambos bisexuales, mantuvieron un conocido romance en el que, al parecer, el primero hacía las veces de hombre. De intermediario para el éxito de la relación actuó el también homosexual Charles Laughton.

Kristy McNichol.-Actriz desde los seis años, protagonista de la serie Nido vacío, es una lesbiana bien conocida en Hollywood, que tuvo su primera experiencia sexual con una de sus niñeras, a los 12 años.

Rodolfo Valentino.-Fue amante del otro «latin lover» del cine mudo, Ramón Novarro. Como recuerdo del apasionado romance, Valentino le regalo a Novarro un consolador de grafito negro que, muchos años después, emplearon unos ladrones para asfixiar al actor mejicano, ya anciano.

Tallulah Bankhead.-Protagonista de Náufragos, de Alfred Hitchcock, fue una de las más notorias bisexuales del mundo del cine, que tuvo entre sus amantes a Hattie McDaniel, la gruesa ama negra de Lo que el viento se llevó, primera actriz de color que ganó un Oscar.

James Dean.-Se libró de ir a la guerra de Corea porque se declaró homosexual ante la junta de reclutamiento que debía alistarle. Cuando la periodista sensacionalista Hedda Hopper trató de explotar la noticia y le preguntó por qué no estaba en el Ejército, él le respondió: «Le di un beso al médico».

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