Dos apellidos de acero

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Krupp y Thyssen son sinónimo de acero en Alemania. Los barones del acero de la cuenca del Ruhr, empresas seculares que sufrieron los avatares de la reciente historia alemana. Fundadas en tiempos del Imperio, sobrevivieron a la primera guerra mundial, cuando los cañones de la Krupp, el legendario Bertha, bautizado con el nombre de su hija, sembraba de terror y bajas las trincheras enemigas.

Superaron la hiperinflación de la República de Weimar y se sumaron de buen grado a los sueños delirantes del nazismo, con el que colaboraron a tope en sus proyectos de armamento y en la explotación de la mano de obra extranjera, esclavizada en Alemania por los nazis. Los barones del acero del Ruhr inspiran la película de Luchino Visconti El crepúsculo de los dioses. Un Thyssen escribió un libro Yo financié a Hitler, pero luego tuvo la decencia de oponerse al nazismo, cuando se inició la locura antisemita. Fritz Thyssen acabó con su mujer en un campo de concentración y murió en 1951 en Buenos Aires.

El patriarca Krupp fue condenado como criminal de guerra en Nuremberg. En la reconstrucción de Alemania, tras el desmantelamiento de las fábricas, Krupp y Thyssen se levantaron de nuevo, para volver a ser los gigantes del acero. La Krupp tuvo que pasar por el bochorno de que un 25% de la empresa pasase a manos del entonces Sha del Irán.

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