Definir qué es una nación

Nación
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PARA GELLNER, ES un principio que mantiene que la unidad cultural y política deben ser congruentes

ERNEST UDINA

“Los nacionalistas son excluyentes y por tanto perversos“, dijo en el 94, y continúa diciendo hoy, Vargas Llosa. “El nacionalismo peligroso es el de los estados modernos, que ha sido el de la guerra de todos contra todos, como se ha visto en Europa”, le respondía entonces y sigue afirmando hoy Rubert de Ventós. Cuatro años después el debate sigue vivo. Una de las concreciones de este debate, puesto que nacionalismo viene de nación, es definir qué es una nación. La respuesta más fácil es que nación es aquello que han creado los estados, cada Estado. El ejemplo supremo es la concepción de la nación Estado francés. En España tiene muchos alumnos, desde el Julián Marías horrorizado porque los catalanes se reivindican como nación, al nuevo jefe del ejército, que dice que su principal misión es asegurar la integridad territorial de España, o desde la cúpula del PP que en la oposición acusaba de chantajista al Pujol coaligado con el PSOE, a la cúpula del PSOE que, sin insultar, le acusa de carcelero porque Aznar “es prisionero de los pactos”.

Dicho sea de paso, no está nada claro que el PP ganara las elecciones por su acendrada campaña electoral españolista, que las ganó por poco y por culpa de la corrupción del PSOE en el poder, como no está nada claro que el PSOE pueda ganarlas haciendo bandera del nacionalismo español enfrentado a los periféricos. Hasta ahora va siendo un error descomunal del candidato Borrell, que si mira al norte verá que tanto Jospin como Schr¨oder han ganado por su mensaje de cohesión social y en concreto por la bandera de la lucha contra el paro. Pero allá él con sus numerosos asesores.

Volviendo a la nación y tal como se desarrolla en un magnífico artículo del antropólogo británico-catalán Josep Llobera, en el primer número de la renovada revista “L’Avenç” hay otra definición de nación, la de Ernst Gellner: “Es un principio político que mantiene que la unidad cultural y la unidad política han deser congruentes”. Aquí no entra la noción tradicional de Hobsbawm, la de que sólo hay nación y por tanto nacionalismo legítimo si hayEstado.

Lo de Ernst Gellner, en cambio, se aplica bien, de Flandes a Baviera o de Euskadi a Escocia o de Cataluña a Quebec por citar los más conocidos, a la coexistencia de varias naciones en un Estado. Aun así, esta vía está poco formulada teóricamente – a diferencia del nacionalismo del Estado nación-, aunque el mismo Llobera señala las ya importantes aportaciones de Keating, Castells y Conversi, entre otros. A la crispación que se vive en la piel de toro, donde la cultura del Estado unitario es aplastante, pero siempre que hay democracia no consigue aplastar a la cultura periférica que piensa diferente, le van bien las recientes palabras de Ralph Dahrendorf sobre la “devolution” o autonomía escocesa: “Se discute mucho pero en el fondo todos piensan que no hay que encresparse porque de algún modo se arreglará”.

Quizá se arregle aquí cuando todos comprendan la sabia frase del historiador Ainaud de Lasarte: “El problema entre Cataluña y España es muy simple, que Cataluña no ha tenido suficiente fuerza para separarse de España y España no ha tenido suficiente fuerza para acabar con Cataluña”.

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